¿Qué tiene de malo? O apología de El Komander




Por Gubidxa Guerrero

La música tiene algo de religión, algo de política y algo de deportivo: cada cuál con sus gustos. Por más que "argumentemos" pa' ensalzar nuestras preferencias o criticar las del vecino, éste siempre tendrá la última palabra.

Imponer una ideología es como querer imponer una religión. Por la fuerza, se podrá, pero nomás de encimita. En el tuétano de las personas se queda bien grabado lo que más le agrada. Así es el ser humano. 

Con los géneros musicales sucede lo mismo. Al corrido siempre se le ha hecho el feo. El procedimiento es el mismo: primero se le intenta satanizar, luego prohibir, después ignorar. Se pasa del ataque frontal a la burla abierta.

Podemos llamarle narcocorrido al corrido que trata temas del narcotráfico. Pero eso de endilgarle un nombre es aventurado. Tons también deben haber campesinocorridos, obrerocorridos, guerrillerocorridos, revolucioncorridos. El corrido es lo que es. 

Que si "enaltece a los narcos", que si "promueve el reclutamiento", que si "convierte a los jóvenes en sicarios". Mitos. Tenemos cuatro generaciones escuchando La Adelita, Carabina 30-30, así como un amplísimo repertorio de música de la Revolución, y no vemos gente con sus cananas combatiendo al mal gobierno.

No defiendo a quienes gustan de la música de El Komander ―por poner un ejemplo― ni a quienes oyen letras que hablan de enfrentamientos con el ejército, fugas o combates con bandas rivales. Ni falta hace. Pero, aunque me critiquen mis amigos "educados", considero que aquéllos y nosotros tenemos todo el derecho de escuchar lo que nos plazca. Para bien y para mal. O qué, ¿aquí no aplica la frase de Voltaire?


PD:  No la primera vez que comparto algo de este fulano. En 2012 compartí: Me retiro (por lo del fin de sexenio) y La vuelta cargada. Por si las quieren escuchar. 

Limpieza necesaria

Fotografía.- Marciano Valencia
Gubidxa Guerrero 

[Texto publicado en Enfoque Diario, el jueves 12/Jun/2014]

El centro de Juchitán se ve raro. Los comercios que se aglomeran en el Mercado 5 de Septiembre, en los locales de la primera planta del Palacio Municipal y en las calles aledañas se encuentran cerrados por un saneamiento general.

Periodistas, cineastas y escritores han alabado el corazón vibrante de Juchitán: su mercado. A él acuden a vender y a comprar personas de comunidades hermanas como Ixtaltepec, Xadani o Unión Hidalgo. También llegan mujeres de Santa María o San Mateo del Mar. 

Todo se puede comprar en el primer cuadro de la ciudad, desde lo legal como un hermoso huipil o unos cómodos huaraches, hasta lo ilegal como una iguana viva o decenas de huevos de tortuga. 

El colorido del mercado juchiteco es inigualable. Las mujeres vestidas a la usanza típica ofrecen sus productos a viva voz. Gritan el clásico “¡totopo güero!” y parecen reñir amigablemente por la clientela.

Pero no todo es belleza y tradición. Existe una cara del comercio local que avergüenza al zapoteca más orgulloso. Hablo de la suciedad que se deja ver por doquier. Algunas partes del mercado no pueden ocultar su olor fétido, consecuencia de los desechos que se vierten en plena vía pública. 

Y es que existen miles de comerciantes en el centro. Tantos, que los lugares para recolectar basura no se dan abasto. He visto batallar a los camiones por las noches, tratando de llevarse toneladas de desechos cotidianos. 

Sería fácil e injusto culpar sólo a los locatarios, ya que todos somos responsables; tanto clientes, como autoridades y vendedores. Nuestra ciudad no ha sabido implementar un modelo de recolección de basura eficaz. Tampoco ha sabido incentivar el uso de bolsas de mandados textiles, para evitar llenarnos de empaques de plástico.   

A Juchitán suelen referirse como “fuchitán” por su proverbial contaminación. Por eso felicito a las autoridades municipales, encabezadas por Saúl Vicente Vázquez, por el esfuerzo de fumigar el mercado central, así como los locales de las calles aledañas. Felicito también a las distintas autoridades que directa o indirectamente están involucrados en el saneamiento, especialmente a la Directora de Mercados Teresa Vega Terán. 

Debemos aplaudir esta medida. A muchos les ha resultado un poco incómoda. Pero como toda buena obra, merece su tiempo y su espacio. Que este sea el primer paso hacia una cultura ecológica más integral. Que en Juchitán y en todo el Istmo de Tehuantepec no sólo nos preocupemos por recolectar lo contaminado, sino por no contaminar más. 

EPN frente al Papa Francisco. La idiotez

Obsequios de Enrique Peña Nieto, Presidente de México,
al Papa Francisco
Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario, el lunes 09/Jun/2014]

El viernes anterior el Presidente de México, Enrique Peña Nieto, fue recibido por Su Santidad el Papa Francisco. Alto honor para un mandatario. Más, todavía, en momentos en que el Vaticano ha adquirido una relevancia diplomática de primer orden. 

Mientras que este domingo, 8 de junio, se reunieron para participar en una oración los principales líderes de Medio Oriente, como son los presidentes de Israel y Palestina, respectivamente, la reunión del viernes fue, al menos para mí, vergonzosa.

Me extraña que los asesores del titular del Ejecutivo mexicano no le hayan sugerido otro obsequio. Y es que como parte de la reunión de 25 minutos entre los dos jefes de Estado (no nos olvidemos de que el Vaticano es un país reconocido mundialmente) se dio el habitual intercambio de regalos.

Tradicionalmente suelen brindarse símbolos que representen el imaginario de un país. México, por ejemplo, cuenta con grandes orfebres, gente que confecciona bellos textiles, desde Yucatán hasta Sonora. Su riqueza gastronómica también es proverbial.
Mientras que el Obispo de Roma le ofreció un gran medallón, explicándole que contenía la imagen de la Plaza de San Pedro antes de ser concluida en su construcción, Enrique Peña Nieto le regaló ¡una playera de la selección mexicana! 

Con el regalo, nuestro mandatario dijo: “Ahora que está de moda, le queremos obsequiar la casaca de la selección para que sepa que en México nos ponemos la camiseta”. A lo que el Sumo Pontífice respondió: “Me permito regalarle un ejemplar de la exhortación apostólica. Acá encontrará varias partes: toda una parte dedicada al tema social. Yo se la doy, por si le sirve”, expresó el Papa al entregar un ejemplar de su documento programático Evangelii Gaudium (La alegría del evangelio).

No se trata de que nos guste o no el fútbol. Se trata de lo que el Presidente representa para 120 millones de personas y de la cacareada investidura que debe cuidar. Si a esas vamos, hubiese sido mejor que le regalara la máscara del Santo o del Rayo de Jalisco, luchadores al fin, que entretuvieron a millones de aficionados.

La selección mexicana es un equipo privado, surgido de clubes deportivos igualmente privados, cuyos dueños suelen ser personajes como Emilio Azcárraga o Carlos Slím. No hay nada de público ni mexicano en ellos, además del nombre y la nacionalidad de sus jugadores. El famoso mundial de fútbol lo organiza la FIFA, otra institución privada que genera jugosos dividendos a sus accionistas.

Nadie niega que el balompié signifique un entretenimiento para cientos de millones de personas en el mundo. Pero ni representa formalmente a nuestro país, ni es símbolo de “unidad nacional” (se entendería, quizá, si fuéramos una potencia futbolística como Brasil o Italia). 

Considero que el Presidente se equivocó gravemente al escoger el presente que entregaría a esta figura política y espiritual de nuestro tiempo. 

Si se ha dicho hasta el cansancio que varias de las leyes secundarias de las reformas estructurales se aprobarán “coincidentemente” durante el mundial de fútbol, no cabe duda de que con esta acción en Roma, Peña Nieto ha puesto el dedo en el renglón.