Opinión: Puede haber sorpresas en Juchitán

El debate se transmitió en vivo por TvMelendre.
Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario el miércoles 26/Jun/2013]

El exceso de confianza no es bueno, ya que ―como afirmaba Sócrates, el filósofo griego― “engendra descuido, indolencia e indisciplina”. Por el contrario, las bajas expectativas son favorables, porque al no esperarse nada extraordinario de una persona, todo aquello que haga bien será considerado meritorio.
     Si un equipo de fútbol llega a un partido con la seguridad de sufrir una derrota aplastante, será considerado triunfador si consigue un empate. Lo mismo sucede en la política.
     Cuando inició la contienda en Juchitán, todos dábamos por hecho el triunfo abrumador de Saúl Vicente Vázquez, o de cualquier candidato que postulara la alianza PAN-PRD-PT. El PRI, que actualmente gobierna esa importante ciudad zapoteca, no tenía muchas posibilidades de triunfo, debido a fracturas internas y a la disputa por la candidatura, misma que involucró a varios ex gobernadores de Oaxaca.
     La primera semana fue sencilla. Las distintas “corrientes” de la COCEI discutían por la repartición de posiciones, dando por hecho la victoria contundente de su candidato. Para facilitarle las cosas, Héctor Matus Martínez, candidato del PRI a la alcaldía ―quien hace doce años fue presidente de un Consejo Municipal― no daba muestras de interés. Su campaña no aparecía por ningún lado. Ni la prensa escrita, la radio o la televisión daban cuenta de sus actividades proselitistas. Entonces vino el cambio…
     Matus opuso cierta resistencia para participar en el debate organizado por el Comité Melendre el domingo 16 de junio, que se transmitió en vivo desde TvMelendre y Punto Crítico Radio. Cuando finalmente accedió, mucha gente pensaba que se vería opacado por la retórica de Saúl Vicente, hombre de experiencia en podios internacionales. 
     Pero cuál fue la sorpresa, cuando vimos que Héctor Matus respondió con seguridad acerca de los temas de que trató el encuentro. Prácticamente la mitad de las respuestas las dio en idioma zapoteco, y tocó temas sensibles, como las invasiones de predios y los proyectos eólicos, con franqueza. No atacó a sus adversarios; tampoco respondió algunas alusiones personales, y contribuyó para que el clima de respeto de esa noche fuera impecable. 
     Por su parte, el candidato del PAN-PRD-PT se mostró evasivo en temas trascendentales, tratando de no incomodar a los líderes coceístas que se han beneficiado del actual estado de cosas en Juchitán, y quienes han sido grandes promotores de los bloqueos, la corrupción, las invasiones y la ingobernabilidad.
     Ahora Héctor Matus no deja de asistir a las entrevistas radiofónicas. También está haciendo buen uso de las redes sociales de Internet. Muchos de quienes pensábamos que su derrota sería segura, hoy lo dudamos genuinamente. 
     Por su parte, hay sectores de la denominada COCEI que tampoco están muy satisfechos con la candidatura de Saúl Vicente, y que podrían terminar inclinando la balanza a favor de cualquiera de los dos. Si a eso sumamos la buena acogida de Armando López Gómez, candidato del PSD, la situación se complica.
     ¿Qué sucederá el 7 de julio? ¿Será un final cerrado? Sólo los electores lo saben…  

Opinión: Aumenta la inseguridad en el Istmo

Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario el martes 25/Jun/2013]

Resulta un tanto irónico que mientras los candidatos de todos los partidos políticos hablan de la seguridad como eje de sus proyectos de gobierno, la región istmeña esté siendo asolada por una nueva ola de asaltos.
     Decenas de robos a mano armada se han suscitado en los recientes días en diferentes establecimientos. Farmacias, bares, pizzerías, ferreterías céntricas en la población de Juchitán han sido atracadas por sujetos a bordo de motocicletas. En Tehuantepec y Salina Cruz también aumentó el índice delictivo. 
     La gente se pregunta a qué se debe esta situación. Pareciera que las campañas políticas están distrayendo a las corporaciones policíacas de su principal deber, que es proteger a la ciudadanía que les paga.
     El tema de la seguridad es, junto con los bloqueos, proyectos eólicos, invasiones o transporte público, uno de suma importancia. Las poblaciones istmeñas viven en la zozobra por no saber cuándo se suscitará un nuevo atraco.
     La inseguridad afecta todos los aspectos de la vida social. Una ciudad insegura ve perjudicado el comercio. Las personas que hayan sufrido un despojo en algún establecimiento, difícilmente volverán al lugar. 
     La pérdida que se genera con un delito no se queda en lo robado, sino en los efectos nocivos a mediano y largo plazo. ¿Cuántas colonias no han visto morir su vida social por la delincuencia?
     Es necesario que los candidatos y partidos políticos se tomen en serio su papel. El primero de enero se renovarán las alcaldías de todo el Estado de Oaxaca y éstas deben tener un plan cuidadoso para reducir los índices delictivos.
     Es forzoso que los partidos políticos consideren buscar el modo en que la sociedad se sume a la protección colectiva. Basta con echar un vistazo al sistema comunitario de justicia. Hay poblaciones que han aprendido a vivir seguras con la participación ciudadana.
     Los habitantes debemos involucrarnos en la seguridad de nuestras ciudades y pueblos. Como se dice: la seguridad somos todos.   

Coyolicatzin se llamaba Quetzalcóatl

Gubidxa Guerrero 

[Texto publicado en Enfoque Diario el domingo 23/Jun/2013]

Uno de los aspectos más importantes de los zapotecas es su historia. Y si bien es cierto que nuestra historia es milenaria, también es verdad que con el transcurrir de los siglos ésta parece olvidarse. Para nuestros ancestros la historia fue fundamental, pues servía de guía orientadora a las sucesivas generaciones. Y para conservarla, los binnigula’sa’ (zapotecas antiguos) tallaron estelas, pintaron murales, códices, y la transmitieron de manera oral. 
     Pero la historia no siempre relata fielmente los acontecimientos; por lo que continuamente tiene que reescribirse, conforme nuevos hallazgos enriquecen el acervo documental de un pueblo o de cierto periodo. Tal es el caso de las narraciones populares sobre la guerra entre aztecas y zapotecas, o sobre la vida de los últimos reyes de Tehuantepec. Mucho se ha escrito al respecto, por lo que en esta ocasión me enfocaré a un solo detalle: el nombre de la esposa de Cocijoeza (“Rayo de pedernal”) y madre del último monarca zapoteca.
     La versión más difundida ―que no por eso tiene que ser veraz―, afirma que se llamó Coyolicatzin (“Copo de algodón”), y que perteneció a la familia gobernante de México Tenochtitlan. Y efectivamente, dicha mujer estaba emparentada con los dirigentes del reino mexica, pero no se llamaba Coyolicatzin, sino Quetzalcóatl. 
     ¿Cuál es la fuente que me permite aseverar lo anterior? Un documento de primera mano, todavía no publicado, que se titula: “Auttos seguidos por d[oñ]a Magdalena de Zuñiga, mujer q[u]e fue de d[o]n Juan Corttes Caziq[u]e por si como m[adr]e tuttora y Curadora de d[o]n phelipe Corttes su hijo, y los demás herm[ano]s Contra el fiscal de s[u] M[agestad] sobre la posesión de los Yndios, y otras estancias. 1567-1572”, transcrito por Michel R. Oudijk, del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM. El manuscrito original se encuentra en el Archivo General de Indias, en España, y la transcripción fiel ha sido leída por muy pocas personas. 
     En dicho legajo se ponen de manifiesto los nombres de los últimos reyes zapotecas, y de la madre de Don Juan Cortés Cocijopi (“Rayo de viento”), a quien equivocadamente hemos llamado Coyolicatzin. ¿Por qué? Por una serie de malinterpretaciones, como sucede a menudo en la historiografía.
     El relato que se fue construyendo en torno a la realeza binnizá, difundió la versión de que la esposa de Cocijoeza se llamaba en lengua zapoteca Pelaxila, o Belaxila, que podría traducirse como “Carne de algodón”, que se correspondería con la traducción al náhuatl más popular: Coyolicatzin. Sin embargo, en el documento que mencioné queda consignado el verdadero nombre de dicha persona: Xilabela en zapoteco, y Quetzalcóatl en náhuatl.
     A continuación citaré dos pequeños fragmentos que aparecen en el documento de más de 400 fojas, y que son respuestas dadas por varios testigos ―que conocieron personalmente a los nobles zapotecas― ante los cuestionamientos de las autoridades españolas en un proceso legal:
     Foja 73 v: “le vio que tenia por mug[e]r a xilavela hermana de monteçuma en la qual huvo por su hijo y heredero al d[ic]ho don juan cortes e despues desto fallesçieron”.
     Foja 166 v: “que conosçio a huizquiahuitl y a queçalcoatl su muger padre e madre del d[ic]ho don Juan cortes señores que fueron de la d[ic]ha villa e provinçia”.
     El “Huizquiahuitl” del documento, es Cocijoeza; y como ven, se le menciona por esposa a una tal Xilabela o Quetzalcóatl. Como todos aprendimos en la escuela, Quetzalcóatl significa “Serpiente emplumada”, y ya dijimos que Xilabela podría significar “Carne de algodón”. ¿Hay una contradicción? 
     Ninguna contradicción existe, pues es cierto que una de la acepciones de Xilabela es “Carne de algodón” (según Fray Juan de Córdoba , Xila equivalía a ‘algodón’, y Pèla o Béla a ‘carne’); sin embargo, esa misma palabra también se traduce como “Serpiente emplumada”; pues Xila significa, asimismo, ‘pluma verde rica’, y Bela, ‘serpiente’ (igualmente, siguiendo a Córdoba, quien es el mejor apoyo para quienes estudian el zapoteco colonial).
     A finales del siglo XV, los zapotecas sólo tradujeron el nombre de la mujer venida de México, que se llamaba Quetzalcóatl. Así, desde su arribo al reino de Tehuantepec, pasó a denominarse “Xilavela” (“Serpiente emplumada”, pero en lengua zapoteca). 
     Y si a la llegada de los españoles esto estaba claro, ¿cómo es que su nombre pasó de Quetzalcóatl a Coyolicatzin? Es muy probable que con el transcurrir del tiempo las personas únicamente recordaran el nombre de la soberana en idioma zapoteco (Xilabela, o Belaxila), olvidando que en náhuatl se le decía Quetzalcóatl. Al paso de los siglos, el presbítero José Antonio Gay quizá se preguntó cómo se llamaría la reina Xilabela en la lengua de los mexicas, y se le hizo fácil traducir uno de los significados de esa palabra en su libro Historia de Oaxaca, escrito en 1881. Así pues, creyendo que Xilabela era “Carne de algodón”, tenía que ser Coyolicatzin en náhuatl. Conforme transcurrieron los años, esta versión se popularizó (principalmente con el libro El rey Cosijoeza y su familia, escrito por Manuel Martínez Gracida en 1888), y hoy en día casi nadie duda de su veracidad.
     Sin embargo, con el descubrimiento y trascripción del documento mencionado podemos salir de dudas y afirmar que la madre de Don Juan Cortés Cocijopi se llamó Quetzalcóatl. Al menos hasta que nuevos manuscritos sugieran otra cosa.
     Es preciso mencionar que la pronunciación de las palabras cambia con el paso de los siglos. Por eso hoy algún hablante de zapoteco podría decirme que Xilabela se aproxima más a “Carne de algodón” (pues Bela, se traduce como ‘carne’, y Xila se parece a Xiaa: ‘algodón’). Pero recordemos que el documento citado se escribió en el siglo XVI; y en aquel tiempo, Bela también significaba ‘serpiente’ o ‘culebra’, y Xila ‘pluma verde rica’. 
     Si quisiéramos saber cómo se pronunciaría el nombre de Quetzalcóatl en el zapoteco istmeño de hoy, podríamos adaptarlo a Beendaxhiaa (“Serpiente alada”); pues Beenda’ es ‘culebra’, y Xhiaa es ‘ala’. 
Esperemos que el presente texto ayude a difundir la historia de nuestra nación zapoteca, y que también resulte útil para aclarar ciertos puntos inconsistentes.

Artículo: La llanura del Istmo de Tehuantepec

Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario el sábado 22/Jun/2013]

A lo largo de varios meses, hemos ido difundiendo parte de la historia de nuestra región. Sin embargo, levanta cierta confusión el hecho de que de vez en cuando se denomine “Istmo de Tehuantepec” a toda el área comprendida del sur de Veracruz hasta las costas de Salina Cruz. Por ello, hoy me daré a la tarea de aclarar los dos sentidos en que entendemos esa palabra: el geográfico, y el histórico.
     Si bien, el término Istmo tiene una denotación meramente geográfica ―“lengua de tierra que une dos continentes”, es decir: la parte más estrecha entre dos mares―; cuando hablamos del “Istmo de Tehuantepec”, no nos imaginamos toda el área comprendida entre el Golfo de México y el Océano Pacífico, que va de Coatzacoalcos a Salina Cruz. El término, con el paso del tiempo, ha adquirido otra connotación. 
     A lo largo de los años, gobiernos y personajes se han referido a los zapotecas de la región como istmeños. En los mismos documentos encontramos una situación similar. Las diferentes autoridades estatales designaron muchas veces al Departamento de Tehuantepec como “el Istmo”, aunque buena parte de su territorio no debería designarse de esa manera, pues comprendía sierras y otras zonas no estrechas. 
     El Istmo es, histórica y culturalmente hablando, el territorio llano y relativamente pequeño situado al suroeste del Estado de Oaxaca (además del municipio de Jalapa del Marqués). Es una planicie costera. Decenas de poblaciones habitan sus terrenos áridos azotados por fuertes vientos. Hoy en día cuenta con más de seis ciudades que sobrepasan los veinte mil habitantes; tres de las cuales casi alcanzan los cien mil. La llanura tiene una altura promedio de 30 metros sobre el nivel del mar, cuenta con un clima cálido, una temperatura media de 27° ―de las más elevadas en el Estado― y una temporada de lluvias que va de mayo a septiembre.
     Ya desde la época prehispánica esta región constituyó un paso clave para las expediciones mexicas al Soconusco; y se tienen noticias del conflicto bélico que enfrentó a finales del Siglo XV a los mixtecas y zapotecas contra la Triple Alianza, en la que resultaron derrotados estos últimos. La ambición por el control de esta región estratégica motivó la “guerra de Guiengola”, con la que los zapotecas consiguieron apoderarse definitivamente del área.   
     Durante el periodo precortesiano y el novohispano, el principal asentamiento en la zona fue la ciudad de Tehuantepec. Antes de la llegada de los españoles su población excedía los veinte mil habitantes, pero en el Siglo XVI, debido a las epidemias, la ciudad perdió aproximadamente el 90% de sus pobladores. Para mediados del Siglo XIX, la antigua Villa de Guadalcazar ―Tehuantepec― contaba con más de trece mil almas repartidas en sus quince barrios. 
     La ciudad se ubica entre unos pequeños cerros, siendo el principal y del que toma su nombre, Dani Beedxe’ o Cerro del Jaguar. Un gran río parte la ciudad en dos. De él se extraían grandes cantidades de peces y camarones, y hoy nutre a la Presa Benito Juárez, en Jalapa del Marqués, que a su vez riega los campos agrícolas de la región. 
     Juchitán, poblado menor durante la época prehispánica y la Colonia, alcanzó durante el siglo XIX los ocho mil habitantes. Situada al este de Tehuantepec, continuamente padece de inundaciones por la crecida del “Río de los Perros” o Guiigu’ Bi’cunisa (que en lengua zapoteca significa “Río de las Nutrias” o de manera más literal “río de los perros de agua”). También soporta las inclemencias del clima, pues, aunado a lo anterior, la ciudad es continuamente castigada por el viento del norte.
     Los principales asentamientos de origen zapoteca alrededor de las dos comunidades anteriores, son: San Blas Atempa (antiguo barrio de Tehuantepec), Jalapa del Marqués, Huilotepec, Salina Cruz, Mixtequilla, Comitancillo, Tlacotepec, Chihuitán, Laollaga, Ixtepec (antes, San Jerónimo), Ixtaltepec, El Espinal, Xadani, Unión Hidalgo e Ixhuatán.
     Espesos bosques poblaban esta región hace ciento cincuenta años. El cedro americano, la caoba y el palo de brasil constituían una materia prima codiciada por los aserraderos que la explotaron hasta deforestar casi por completo la zona. Hoy en día, gran parte de la tierra es utilizada para ganadería, y esta situación en nada mejora las expectativas para su recuperación. Durante la época de lluvias los caminos se hacían intransitables y las enfermedades abundaban. Los pantanos obligaban, asimismo, a que se tuviera que hacer un gran rodeo para viajar de un pueblo a otro. 
     Alrededor de la superficie costera se encontraban, además, varias de las minas de sal más importantes del Estado, que mucho contribuyeron a la bonanza comercial de la región. También estaban las haciendas que el conquistador Hernán Cortés hubiera solicitado para sí. Llamadas “Marquesanas” en su honor ―recordemos que Cortés obtuvo el título de Marqués del Valle de Oaxaca en el año de 1529―, abarcaban grandes extensiones de tierra para ganado, cuyo dominio también se atribuían algunas poblaciones. 
     La región que históricamente conocemos como Istmo de Tehuantepec es, pues, muy pequeña, sin embargo se reconoce como una de las más significativas de México; ya que con sus pocos habitantes y escaso territorio, es mundialmente famosa.  
     Un dicho afirma que sólo se puede luchar por aquello que se quiere, se quiere lo que se respeta, y se respeta lo que por lo menos se conoce. Conozcamos, paisanos, nuestra tierra, para que sepamos valorarla y estemos dispuestos a dar todo por ella. Para sacarla del atraso y el abandono en que la han dejado los malos políticos; para hacerla nuevamente floreciente, con campos sembrados, convirtiéndola en el granero del sureste, y en un foco de desarrollo para nuestros pueblos. 

Opinión: Cambien de estrategia

Gubidxa Guerrero 

[Texto publicado en Enfoque Diario el jueves 20/Jun/2013]

No sé a qué empresas se hayan remitido los candidatos para musicalizar sus spots promocionales, pero parece que éstas los timaron. En la mayoría de los municipios istmeños escuchamos a los carros de perifoneo inundando las calles con temas pegajosos.
     Cumbia, tribal, duranguense... Todos los ritmos son útiles a la hora de promocionar a un candidato a la presidencia municipal o a la diputación local. Lo malo es que usan las mismas canciones de fondo. 
     Hasta parece que se hubieran puesto de acuerdo: el mismo tema musical, casi la misma letra, para diferentes candidatos. O las coincidencias tan cercanas existen, o se dirigieron a la misma compañía. Porque canciones hay miles (además de que muchas suelen ser de mejor manufactura que las que están utilizando los promocionales políticos).
     Pero si la similitud de las canciones es bochornosa, ¿qué diremos de las "propuestas"?. Pareciera que se hubiesen remitido al mismo guionista. Todos hablan de progreso, de empleo, de paz social y desarrollo, pero además de que no dicen cómo le harán, tampoco se pronuncian sobre los temas escabrosos que a la gente común interesan más.
     Sólo los candidatos de partidos pequeños no le tienen miedo al qué dirán: señalan a los liderazgos nocivos, critican la corrupción en todas sus formas y hablan de hacer públicas las listas de trabajadores de los ayuntamientos. Y en ellos vemos que cuando no se cuenta con padrinos con poderosos intereses, se piensa más en el interés común. Desafortunadamente cuentan con pocas posibilidades de triunfo. 
     Urge que los candidatos retomen la voz de la ciudadanía. En las poblaciones istmeñas hay cientos de personas capaces de sugerir ideas novedosas. De lo que se trata es de ser incluyentes y sacar adelante los temas urgentes.
     La clase política debe perderle el miedo a los planes osados. Siempre y cuando se cuente con el apoyo del pueblo, ningún plan será imposible. Más vale que lo hagan en estas semanas de campaña, porque es la última oportunidad en que contendrán ellos solos. El próximo trienio ya serán legales las candidaturas independientes, y entonces sabrán lo que es la verdadera competencia…