Opinión: Doble discurso de la Segego

José de Jesús Silva Pineda.

Gubidxa Guerrero 

[Texto publicado en Enfoque Diario el viernes 10/May/2013]


Pocas cosas molestan más que el doble discurso de los funcionarios públicos estatales. El doble racero con que “resuelven” los problemas cotidianos es indignante, pues mientras se ignora a las mayorías, se atiende con prontitud a unos cuantos privilegiados.
     Lo anterior se ejemplifica con los dichos del Subsecretario de Gobierno y Desarrollo Político de la Secretaría General de Gobierno (SEGEGO), José de Jesús Silva Pineda, respecto la situación delicada en la ciudad Juchitán: “En Oaxaca no se judicializará la política, ni se politizará la justicia. Esta es una de las premisas centrales del Gobierno de Oaxaca y bajo esta línea se articulará en cada conflicto una estrategia de estado apegada a la legalidad, al estado de derecho y a la civilidad”.
     Pero, ¿alguien puede creer tal aseveración? Dicen que no se politizará la justicia, cuando muchos delincuentes de cuello blanco, que deberían estar en un centro de readaptación social, o cuando menos bajo proceso, se encuentran gozando de una libertad inmerecida, burlándose del pueblo trabajador.
     Hay en Tehuantepec varias mujeres humildes detenidas. A una, inclusive, se le negó el derecho de amamantar a su pequeño. Fueron detenidas durante un magno operativo en Juchitán implementado ‘a modo’ por las instancias judiciales. ¿O nos dirán que las corporaciones estatales llegaron a defender a Juan Pueblo? Para todos se hizo evidente el uso parcial de los recursos del Estado en el caso anterior, porque cientos de policías entraron en acción, precisamente cuando lo solicitaron ciertos políticos.
     Lo que su servidor ha visto en el Istmo de Tehuantepec es que el Gobierno del Estado solamente acude a los llamados de los poderosos: llámense empresas eólicas o políticos de todos los partidos. Basta con que hagamos memoria.
     No me entero de la actuación de las corporaciones estatales cuando se despoja a los humildes, o cuando los caciques políticos ordenan sendos bloqueos carreteros por doquier. Únicamente sé del trabajo policíaco cuando así lo quieren las empresas transnacionales o los caciques.   
     Es una lástima que se hayan promovido las invasiones por varias décadas y que el Gobierno las haya incentivado asociándose con los políticos que las implementaban. Hoy, que el problema afectó a quienes antes lo realizaron se detiene a decenas de personas en condiciones infrahumanas. 
     Justos pagan por pecadores. Los verdaderos culpables ocupan las carteras de gobierno en todos los niveles. Así es la justicia en Oaxaca. No como dice el señor José de Jesús Silva. 

Opinión: Los nuevos caciques istmeños


Gubidxa Guerrero 

[Texto publicado en Enfoque Diario el jueves 9/May/2013]
 

La mayoría de los problemas del Istmo de Tehuantepec se resumen en una palabra: caciquismo. En aras de ganar elecciones, un grupo de rufianes se ha valido de una serie de métodos lascivos para el pueblo. Pese a todo y contra todo. 
     Ellos han creado miseria. Son personajes que viven de la pobreza. Poblaciones con condiciones decorosas de vida no les convienen; porque sociedades así no son presa fácil de los caciques políticos que necesitan gente para bloquear y hacer toda clase de movilizaciones.
     Pero hay una complicidad de parte de las administraciones estatales. Porque los gobiernos del centro nunca los han querido frenar, pues necesitan 20, 30 o 40 mil votos para los distintos procesos comiciales.
     Hay toda clase de problemas. Éstos constituyen un nudo difícil de desatar. Pero en la cabeza de la pirámide de dificultades están los caciques políticos de todos los partidos. Son quienes han utilizado al pueblo como fábrica de votos. Y las autoridades son corresponsables por la complicidad que han mantenido con aquéllos. Heladio, Diódoro, José, Ulises y Gabino son igual de culpables.
     Pero ni caciques ni gobiernos calcularon que la manipulación tiene el efecto búmeran. Tarde o temprano, los seres humanos se vuelven contra quien los trata indignamente. Caciques istmeños de Tehuantepec, Salina Cruz y especialmente Juchitán no imaginaron que la problemática que ellos propiciaron iba a alcanzarlos. Cosa que ya está sucediendo y que los mantiene muy preocupados. 
     Si se quiere lograr algún tipo de transformación en los pueblos y ciudades de nuestra región, debe minarse el poder de los cacicazgos políticos que tanto daño han causado.
     No hay empleo, hay inseguridad, no hay paz social, vamos en camino a la militarización, y todo es consecuencia de la ambición desmedida de unos cuantos.
     Pero ¿cómo podemos minar el poder caciquil? Yendo al origen de dicho poder: la manipulación de las personas más humildes, mediante supuestos trámites que eternizan a los corruptos.
     Si se regularizan los predios en muchas colonias, previa indemnización adecuada a los dueños, se acabarán los personajes que obligan a sus ocupantes a marchar y movilizarse bajo condición de no dar trámite al papeleo respectivo. Si se liberaliza el transporte público, todo ciudadano que demuestre estar capacitado podrá tener una concesión y ya no será motivo de afiliarse a un grupo político que lo utilice a su antojo. Si el gobierno atiende de forma imparcial las necesidades urgentes de los grupos vulnerables, no existirá el caldo de cultivo que provoca el acarreo de personas.
     Es difícil. Seguramente pocos asumirán esta responsabilidad. Pero si no se intenta, tal vez estemos perdiendo la última esperanza de evitar una confrontación de funestas consecuencias…

Opinión: Juchitán a punto de estallar

Consecuencia de los disturbios del viernes 3 de mayo.
Gubidxa Guerrero 

[Texto publicado en Enfoque Diario el martes 7/May/2013; en Punto Crítico el jueves 9/May/2013, y en NOTICIAS, Voz e Imagen de Oaxaca el viernes 10/May/2013]

Uno pensaría que quienes toman las decisiones cruciales en el Gobierno son personas sensatas, capaces de evaluar las posibles consecuencias negativas y positivas de sus disposiciones. No obstante, siempre termino por decepcionarme por la manera en que se conducen quienes administran el Estado de Oaxaca.
     Existe un sistema que, nos guste o no, la clase política conoce y a cuyas reglas se somete. En dicho sistema participan también “líderes sociales”, sindicales y élites económicas y religiosas. Hay líneas rojas que no se cruzan. Hay decisiones que jamás se toman.
     Como consecuencia, es la mayoría de la población la que sufre la pasividad gubernamental. Cuando al pueblo se le violan sus derechos, la autoridad hace nada. Cuando a las amas de casa, estudiantes y obreros, se les obliga a caminar por los constantes bloqueos que la clase política ordena, el gobierno permanece indiferente, pues no está dispuesto a enfrentar a quien le brinda miles de votos en cada elección.
     Por esa razón, líderes “charros” y funcionarios son igual de repudiados por el común de los habitantes.
     Pero cuando alguien pretende salirse del sistema imperante, se le destruye. Nadie puede osar sostener una lucha que no pase por los liderazgos tradicionales asociados a los partidos políticos oficiales. Todos lo combaten.
     Tal sucede en Juchitán. Más allá de que las acciones de las personas que están invadiendo propiedades sean legales o no, es preciso mencionar que no obedecen a los dirigentes clásicos del PRI y de la COCEI. La mayoría de quienes en día pasados se enfrentaron a la fuerza pública, son personas decididas que no siguen indicaciones de los políticos de oficio. Lo mismo sucede con quienes a finales de marzo se defendieron de los policías estatales en el camino rumbo a Playa San Vicente.
     Eso es lo que preocupa a toda la clase gobernante regional. Como se dice: cientos de juchitecos se están yendo “por la libre”. Y eso es intolerante para quienes mandan en Oaxaca.
     El hecho es apenas una de las manifestaciones de la descomposición social que a todos afecta. Juchitán es una olla de presión que está a punto de estallar. Y los gobernantes, en lugar de utilizar la negociación, están apostándole a la violencia.
     Es paradójico: cuando todo mundo pedía el ingreso de la fuerza pública para frenar a los liderazgos políticos nocivos, el gobierno hizo caso omiso. Ahora que ese mismo gobierno debería conducirse con prudencia, es cuando ataca.
     ¿Qué puede suceder? Que despierte el Juchitán bronco. Lo de menos será la causa. Después de todo, las revoluciones estallan por pretextos insignificantes. Bandera política o social nunca faltará. Pero las consecuencias podrían ser terribles, con un saldo rojo como el que no hemos visto en las recientes décadas. 
     Los juchitecos humildes, desclasados, utilizados siempre como carne de cañón para mítines y elecciones, ya se hartaron de la situación, y están dispuestos a dar la vida en la lucha que se aproxima. No tienen nada que perder. 
     Los políticos de todos los colores, que se aprovecharon hasta el cansancio de los pobres, manipulándolos y enfrentándolos entre sí por objetivos egoístas, no están dispuestos a exponerse. Tienen mucho que arriesgar.
     ¿Qué sucederá? Dependerá de la manera en que se conduzca el Gobierno del Estado. Si fuerza utiliza, con la fuerza lo recibirán. Si se vale del diálogo, los paisanos dialogarán…

Opinión: No es lo mismo justicia que favoritismo

Cuando la justicia no es pareja se llama favoritismo.
Foto.- La Jornada
Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario el lunes 6/May/2013; y en Punto Crítico y NOTICIAS, Voz e Imagen de Oaxaca el martes 8/May/2013] 

Me encantaría conocer la opinión de algunos encumbrados políticos juchitecos, de todos los colores, acerca de los operativos que el Gobierno del Estado está implementando para recuperar “sus propiedades”. Ellos que han violado impunemente las leyes, que han despojado por la fuerza o con el engaño a muchas familias humildes, consiguieron que el ilustre mandatario “del cambio”, Gabino Cué Monteagudo, se comportara como un guardia privado. Estamos en un Estado fallido, donde sólo si perteneces a la mafia política te garantizan tus derechos, aunque tú hayas violando los de decenas de miles durante muchos años...
     Me dijeron: todo es culpa de la COCEI. Y miren que he sido un feroz crítico de esa “organización”. Pero no. No todo es culpa de la seudoizquierda. Hace más de 40 años, cuando otra élite político-social mandaba en Juchitán, también había robos y abusos. El PRI no gobernó mejor. Y en su momento fue respaldado por familias acomodadas que hoy exigen que intervenga el Ejército. Nuestra tierra debe buscar un nuevo equilibrio, donde todos los sectores participen y a todos se haga justicia. Pese a la COCEI, pese al PRI...
     Para que un Gobierno goce de la confianza de los ciudadanos debe ser parejo. Preocupa mucho que el Gobernador envíe la fuerza pública sólo cuando se violen los derechos de un pequeño sector (entiéndase: dirigentes de todos los partidos y familias pudientes), mientras permanece indiferente cuando por décadas se ha vapuleado al pueblo. La justicia debe ser equitativa, si no, no es justicia, es favoritismo. Y también de eso estamos cansados.
     Los liderazgos basados en el chantaje están siendo rebasados. Cientos de personas ya no reconocen la voz de mando de los operadores tradicionales del PRI y de la COCEI. Siempre hubo invasiones, pero quienes las practicaban eran personas cercanas al actual mandatario estatal. Por ello, cuando campesinos y mujeres humildes fueron despojados, la autoridad guardó un silencio cómplice. De nuevo hay invasiones, pero como ahora es a la clase política a quienes afecta, se clama por frenarlas utilizando la fuerza.
     Todos deseamos hacer algo. Por desgracia poca gente goza de la credibilidad y estatura moral necesarias. Sin mencionar la indiferencia de muchos... Por eso ganan los de siempre. Me quedé esperando a quien encabezara nuestra resurrección. Nunca llegó. 
     Ahora, la sociedad apartidista tendrá que ir asumiendo su responsabilidad histórica, haciendo a un lado a los personajes desgastados que suficiente tiempo tuvieron para saquear y destruir nuestro tejido social.