Oportuna liberación

Los detenidos durante los desalojos del viernes 3 de mayo
fueron puestos el libertad el sábado anterior.

Gubidxa Guerrero

Una buena noticia: el sábado por la noche absolvieron a los 18 detenidos (incluyendo 6 mujeres) por los disturbios del viernes 3 de mayo en la periferia de Juchitán. Este es un buen gesto que abre el camino del diálogo. 
     
Desde el principio manifesté que estas personas fueron víctimas de la anarquía, de los cacicazgos y de la aplicación de la ley 'a modo'. Juchitán ―y cada rincón del Istmo de Tehuantepec― merece vivir en paz.
     
Jamás he tomado parte de un bloqueo carretero. Nunca he promovido la ocupación ilegal de tierras. Tampoco he violentado el “estado de Derecho” del que tanto hablan los funcionarios. Por el contrario, he sido crítico de las formas de presión que dañan terriblemente el derecho de terceros. El pueblo no debe confrontarse con el pueblo. Por eso he participado en la Campaña de Concientización Ciudadana “No a los bloqueos”, promovida por el Comité Melendre, cuyo lema es: “Toda forma de lucha o de protesta que perjudique directamente al pueblo es ilegítima”.
 
Pero nada de lo anterior impide que denuncie la vulgar utilización de las instituciones públicas que deberían servir a los ciudadanos, ni la complicidad entre los altos funcionarios y los caciques políticos de la región istmeña.
     
Para que la autoridad sea respetada debe ser pareja. Así como no se vale que un líder sin escrúpulos mande a decenas de personas a cerrar carreteras, “arreglándose” después con el Gobierno, tampoco es justo que el Estado ignore a toda la población, con excepción de los caciques y de las empresas trasnacionales.
     
No estoy de acuerdo con la anarquía. Pero no será deteniendo selectivamente a las personas como se devolverá la paz a Juchitán. Seamos claros: a quienes fueron liberados el sábado por la noche no se les apresó por invadir terrenos; se les privó de la libertad por ocupar predios de caciques políticos. Si solamente se hubiesen posesionado de tierras de particulares, el Gobierno del Estado no habría movido un dedo…
     
La postura de la clase política es cínica: “Aplicar la ley” cuando las ofensas sean contra ellos. Negociar cuando sean ellos quienes la violen... Se habla de castigar a los culpables, cuando los responsables de todo el caos en el Istmo son los caciques del PRI y de la COCEI, y con estos últimos nuestro Gobernador ha tenido magnífica relación.
     
Necesitamos un nuevo acuerdo social, que pase forzosamente por desbaratar los cacicazgos que tanto daño han hecho a nuestros pueblos. Ya existe la plataforma común: los “Cinco Ejes para la Paz Social en Juchitán”. La ciudadanía está ávida de justicia plena. Debemos poner manos a la obra.


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Texto publicado en Enfoque Diario y Punto Crítico el lunes 13/May/2013; y en NOTICIAS Voz e Imagen de Oaxaca el martes 14/May/2013.