Artículo: Taga’na

"El taga'na perpetraba sus actos amparado
en la obscuridad de la noche".
Viñeta de Gregorio Guerrero Díaz. 



Por Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario, el sábado 5/Ene/2013]

Taga’na era el individuo que en Juchitán y algunas otras poblaciones istmeñas salía a manosear a las mujeres durante la noche. Dicha palabra, aunque no existe en el idioma castellano, es bastante utilizada en nuestra región. Con ella se denomina al pervertido sexual, al maniático.
     Por el calor tropical, muchas familias acostumbran dormir en catres y hamacas en los patios de las casas. Anteriormente esto se hacía con mayor frecuencia para tomar el fresco. Situación que era aprovechada por el taga’na para hacer sus fechorías.
     Los taganeros eran personajes consagrados. Nadie sabía sus identidades, pero todos les temían, especialmente las mujeres. Ellos hicieron del abuso sexual un oficio. Y aunque el hecho no constituía una violación como muchos la entienden (con penetración y uso de violencia) era bastante molesto.
     El taga’na perpetraba sus actos amparado en la obscuridad de la noche. El sigilo era su principal arma, ya que cometía el delito a cielo abierto. Si la mujer se hallaba recostada en un catre junto a su marido, el taga’na debía aprovecharse de la profundidad del sueño. De esta manera, y manoseando delicadamente, apenas notaban su presencia. 
     Lo ideal era que nadie se percatara del hecho, para evitar la voz de alerta. Pero cuando esto último sucedía, el manoseador debía emprender la huida estrepitosa entre el escándalo de la agraviada. Para hacer más difícil su captura, era común que los taganeros se untaran de manteca.
     Sabido es que algunos cayeron en manos de la justicia. En algunas ocasiones fueron golpeados por una turba enardecida de vecinos; en otras, pagaron sus delitos con cárcel. Sin embargo siguieron viviendo hasta hace algunos años.
     Se dice que con la urbanización y el uso generalizado de la luz eléctrica se hizo casi imposible la labor de estos hombres, pues dejaron de existir las negras calles que los amparaban y disminuyeron los árboles frondosos en los cuales tantas veces se escondieron. Ahora cada vez menos personas duermen en los patios, y pocos se atreven a tomar el relevo de los famosos taga’na
     Sólo cuando vemos a las jóvenes parejas excediéndose en sus muestras públicas de afecto, llegamos a recordar ―y a veces la expresamos― aquella vieja palabra: taga’na. Por tanto, aunque en nueva modalidad, tal vez jamás dejen de existir…

¿Por qué Juchitán tiene dos ‘San Vicente’?


Por Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario, el viernes 4/Ene/2013]

Algunos curiosos que entran al Templo de San Vicente Ferrer, en Juchitán, se preguntan por qué razón este recinto alberga a dos Santos con igual nombre, cuando lo usual es que cada pueblo conserve y venere a un solo Patrono. Uno es Gola (‘grande’), y el otro Huiini’ (‘chico’). Cada cual con su propia festividad y con nicho respectivo.

Para responder esta duda, es necesario repasar lo acontecido hace más de un siglo; pues este tema, que podría parecer ajeno a las circunstancias de nuestra historia, guarda íntima relación con el pasado de los pueblos del Istmo, y con uno de sus movimientos armados más importantes: la rebelión que encabezara Albino Jiménez, mejor conocido como Binu Gada.

En septiembre de 1870 el héroe de la resistencia zapoteca contra la intervención francesa se levantó en armas. En ese entonces gobernaba el Estado de Oaxaca Félix Díaz, apodado El Chato, quien era además hermano de Don Porfirio. 

No pretendo detallar las razones de la rebelión de Binu Gada. Baste con decir que se enmarcaba en la larga tradición de lucha por defender los recursos naturales y la autonomía política de los pueblos zapotecas del Istmo, en contra de las imposiciones del Gobierno del Estado. Como en todo conflicto armado, una chispa encendió la mecha: cuentan que un pequeño altercado entre Albino Jiménez y el Jefe Político de Juchitán, apodado Dxu’ yuudxu (‘forastero podrido’), provocó la nueva guerra, apenas cuatro años después de la batalla del 5 de septiembre en Juchitán, en que los habitantes del Istmo derrotaron a las tropas imperialistas que servían a Maximiliano de Habsburgo.

La respuesta oficial fue contundente. El Chato Díaz envió un contingente armado para combatir y vencer a los pronunciados, el cual regresó después de una estrepitosa derrota. Ante tales circunstancias, el Gobernador en persona acudió al teatro de operaciones. Llegó con un numeroso grupo de soldados, y tomó a sangre y fuego la población de Juchitán en los días finales de diciembre de 1870 (hace exactamente 142 años). El pueblo fue incendiado. No tuvo piedad con los viejos ni con los niños; persiguió a los rebeldes hasta los pueblos huaves adonde se habían refugiado. Además, capturó y fusiló a varios héroes que habían combatido valientemente a los soldados franceses; entre ellos al Coronel Máximo Pineda. Asimismo ejecutó al líder de los samblaseños, quien fuera su primer presidente municipal, Mateo Jiménez. Se dice que las escenas de horror fueron más terribles que en todas las guerras anteriores…

Para terminar de humillar a los tecos, Félix Díaz decidió golpearlos en su fe, y en el símbolo mismo de su identidad comunal: el Santo Patrono. Cuentan los ancianos que el Gobernador del Estado entró a caballo al templo de San Vicente Ferrer, y mandó bajar al Santo de su nicho. Lo amarró a la bestia y lo arrastró por las principales calles de la población, mientras la tropa y los supervivientes miraban asombrados la escena. Los indomables zapotecas por fin habían sido vencidos y avasallados; aunque su principal líder lograra escapar y agruparse en forma de guerrilla en los montes y bosques de la planicie costera. 

Juchitán se quedó sin San Vicente Ferrer, pues El Chato Díaz se lo llevó. Comentan que le cortó los pies porque no cabía en la caja. Sin embargo, un año después, la vida y los binnizá harían pagar caro la impertinencia del Gobernador de Oaxaca.

En noviembre de 1871, el General Porfirio Díaz lanzó el Plan de la Noria, para derrocar al Presidente de la República. El hermano del jefe insurrecto, se pronunció en su apoyo desde el Gobierno del Estado de Oaxaca; y ante esta nueva coyuntura, Albino Jiménez y sus hombres leales se levantaron en armas contra la autoridad estatal. De Chiapas recibieron apoyo, y el 8 de diciembre Binu Gada recuperó Juchitán, que seguía en manos gobiernistas desde las batallas del año anterior. El día 10, enfrentó a los soldados de la Guardia Nacional en Ixtaltepec, derrotándolos completamente. Pocas horas después, ocupó la ciudad de Tehuantepec.

Benigno Cartas, jefe de un contingente armado de tehuantepecanos y samblaseños que también se rebeló contra el Gobierno de Oaxaca, capturó a Félix Díaz en enero de 1872 cerca de Pochutla, mientras éste huía con intención de embarcarse fuera de la Entidad. Cartas, sabedor del terrible daño que el Gobernador había ocasionado a los juchitecos, lo entregó con ellos. Apenas un año después del incendio de Juchitán, y del fusilamiento de varios líderes zapotecas por órdenes de ‘El Chato’ Díaz, éste caía prisionero en las manos de las personas que más lo odiaban. 

La versión que describe la muerte de Félix Díaz coincide en casi todos sus detalles: el Gobernador fue atado a un caballo y arrastrado por el campamento, tal como él hiciera con el Santo Patrón de Juchitán. Con la ropa desgarrada y la piel sangrante, los soldados descalzaron a El Chato, y con un filoso machete le cortaron las plantas de los pies, dejándolo sin piel (recordemos que él trozó los pies de San Vicente, al no caber en la caja donde lo transportó). Acto seguido lo obligaron a caminar en la arena caliente (otros refieren que sobre carbón al rojo vivo). Las palabras que Félix Díaz escuchaba de los juchitecos eran una repetición constante de “acuérdate de San Vicente”. Finalmente al Gobernador de Oaxaca le cortaron los genitales y se los introdujeron en la boca, con lo que la humillación que él propinó, estaba saldada. Los zapotecas istmeños cobraban caro la mutilación y desaparición del Santo.

La rebelión de La Noria fracasó. Porfirio Díaz fue derrotado y terminó huyendo del país; su hermano fue ejecutado. Los juchitecos solicitaron reiteradamente la devolución del Santo a Benito Juárez, Presidente de México, lo que no dio resultados. Entonces le pidieron que de los bienes confiscados a Félix Díaz, se pagara el importe para la adquisición de uno nuevo, a lo que aquél también se negó. Juárez acabó sus días en julio de ese mismo año (1872). 

Después de un tiempo, el pueblo de Juchitán recibió solemnemente al San Vicente que ocuparía el lugar del que se llevó El Chato. Como era más chico en tamaño, y reciente en tiempo, le pusieron San Vicente Huiini’ (‘chico’). Décadas después, cuando el pueblo logró recuperar al Santo perdido, Juchitán pasó a tener dos esculturas representativas: San Vicente Gola (‘grande´), y San Vicente Huiini'.

Y esta es la historia que se teje al rededor del hecho de que Juchitán tenga dos Santos…


ANEXO DE ENRIQUE GUAJIRO LÓPEZ:

Estimado Gubidxa: 

Aún conservo un volante fechado el 1º de octubre de 1964 en el que se invita a los habitantes de Juchitán al “grandioso recibimiento que haremos a nuestro Patrón SAN VICENTE FERRER” el día 10 de octubre de 1964. Ahí también se lee: “SAN VICENTE, EL Viejo Patrón de Juchitán fué Encontrado. San Vicente Regresa Mutilado pero Triunfante a su Pueblo después de 94 años”.

Yo viví muy de cerca esta historia, pues mi padre Victoriano López Toledo (Juchitán Oax., 1900-1998) junto con la Señora Alicia Jiménez de Colmenares, convenció a la señora de San Blas Atempa, que custodiaba a San Vicente, de devolverlo a su pueblo. Una noche, mi padre y Na Roselia (hermana de la señora Alicia) en un automóvil de alquiler, trasladaron al Santo a Juchitán en donde lo mantuvieron en secreto unos días, en lo que se preparó la multitudinaria recepción.

Tuve la oportunidad de ver a San Vicente Ferrer recién rescatado en casa de Na Roselia (en donde lo mantuvieron escondido) vi que no tenía piernas, su cuerpo estaba montado sobre un tripié de madera y vi su rostro reflejado en los ojos llorosos de Na Alicia cuando me dijo: –Bésalo hijo, es nuestro padre amado.

Enrique Guajiro López

PD: Para los interesados en el tema, les comento que el Dr. Víctor Raúl Martínez Vásquez publicó en 1997 El retorno de San Vicente Ferrer a Juchitán de las Flores, folleto que incluye algunos documentos y entrevista con las personas que tuvieron relación con con esta historia y el retorno de San Vicente a Juchitán.

Opinión: Apoyando el neozapatismo…

Marcha del EZLN el 21 de diciembre de 2012



Por Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario, el jueves 3/Ene/2013]

Si algo caracterizó al viejo PRI (el de los años sesentas y setentas, el del nacionalismo “revolucionario”) fue su disparidad entre los dichos y los hechos. Los priístas tradicionales podían vociferar contra la Iglesia Católica desde la tribuna, mientras iban dócilmente a misa dominical; podían, también, acusar al “imperialismo yanqui”, mientras sus líderes se iban de vacaciones al vecino país del norte; podían, finalmente, hablar de justicia social y de políticas públicas a favor de los que menos tienen, mientras México se volvía más desigual.
     Esa cualidad permitió que este partido longevo sobreviviera y se “renovara” periódicamente; ya que, cuales encantadores de serpientes, siempre daban por su lado a todos. Y así lograron ser aliados de los gobiernos estadounidenses y de Fidel Castro; de este modo pudieron apoyar a ciertas guerrillas centroamericanas, mientras asesinaban campesinos en Guerrero o reprimían estudiantes en Tlatelolco. 
     Las dificultades comenzaron al llegar los tecnócratas; personajes grises sin tacto, que en aras de aplicar recetas económicas rígidas, cometieron la equivocación de mostrarse como son: insensibles al sufrimiento popular, e indiferentes ante el clamor mayoritario. De este modo el PRI fue perdiendo simpatías entre las bases y la cúpula partidista, de tal manera que un sector importante renunció a sus filas para fundar el PRD. Después, los priístas terminaron perdiendo la presidencia de la República a manos del PAN.
      Doce años fueron suficientes para que el desencanto de millones de mexicanos los empujara de nuevo a Palacio Nacional. Y si de algo les sirvió la derrota fue para aprender de los desaciertos ochenteros y noventeros. Gente como Manlio Fabio Beltrones y Beatriz Paredes sacaron al tricolor del atolladero electoral y lo revitalizaron con un solo ingrediente: el buen decir.
     Los priístas no han cambiado. De hecho, quizá hoy sean más corruptos e insensibles que ayer. El fondo de ese instituto político sigue siendo de nepotismo y deshonestidad. Sin embargo están impulsando una “nueva” manera de gobernar, que a las generaciones actuales puede entusiasmar. 
     Enrique Peña Nieto promovió el Pacto por México, que retoma postulados históricos de la izquierda mexicana (encarnados actualmente en el PRD, PT y Morena), así como principios defendidos por el panismo tradicional. Es decir: el titular del Ejecutivo está dando a cada quien por su lado. 
    Tal como en la industria del vestido se regresa a viejas modas, los priístas jóvenes están retornando a las recetas populistas setenteras. El nuevo estilo de gobierno es muy similar al viejo. Y confunde a muchos de quienes no vivieron en esa época, o saben poco de José López Portillo y Luis Echeverría. 
     En este contexto se enmarcan las declaraciones de apoyo del joven Gobernador chiapaneco, Manuel Velasco Coello, al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Luego de casi veinte años, el PRI ―contra el que se levantaron los indígenas chiapanecos en 1994― afirma que deben ser aprobados los Acuerdos de San Andrés en materia de derechos y cultura indígenas.
     A muchos sorprende que un mandatario estatal priísta diga: “Respetaremos el derecho a la resistencia y autodeterminación de los zapatistas”. Prometer no empobrece. Lo que en realidad está sucediendo es el regreso a viejas fórmulas. Sólo que hay una pequeña diferencia: la sociedad contemporánea tiene herramientas a su disposición que pueden permitirle exigir el cumplimiento de los dichos. De la exigencia social de rendición de cuentas dependerá, en gran medida, que tengamos mejores gobiernos.

Opinión: Bienvenido 2013



Por Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario, el martes 2/Ene/2013]

El mundo sería tedioso sin ciclos. Gracias a que los festejos se repiten simbólicamente en el tiempo cada 365 días, los seres humanos podemos dotar la vida de cierta coherencia. 
     Con cada nuevo año se abre una puerta de oportunidades inimaginables. Con la finalización de un período de doce meses tenemos ocasión de cerrar heridas o darle vuelta a la página. Asimismo sucede con los proyectos al servicio de la ciudadanía.
     El año que acaba de concluir fue de muchos cambios a nivel político en el país y en nuestra región: terminó el sexenio de Felipe Calderón, así como los doce años del panismo al frente del Gobierno mexicano; surgió el movimiento juvenil #YoSoy132, con las esperanzas y desilusiones ya conocidas; reapareció mediáticamente el EZLN (que en realidad, nunca se fue); se radicalizaron las protestas políticas… Pero, algo no menos importante: México fue de los pocos países que se mantuvo económicamente estable en un año de terribles crisis en el mundo.
     A nivel estatal los habitantes sufrimos muchas decepciones con el gobierno de la alternancia. Grupos políticos de todas las tendencias sujetan por todos lados al Gobernador, lo que ha impedido en buena medida que se cumplan las promesas de campaña. 
     En nuestra región los proyectos de generación de energía eólica siguieron implementándose, con la salvedad de que en el pueblo ikoots (huave) de San Dionisio del Mar un sector importante de comuneros presentó resistencia contra Mareña Renovables. En Salina Cruz se inauguró Liverpool, y en Tehuantepec Coppel. En Juchitán siguieron creciendo los grupos de mototaxistas y la ciudad fue más caótica que de costumbre.
     ¿Qué podemos esperar este año? Lo que queramos, pues la realidad que deseamos debe ser construida entre todos. El ciudadano tiene el deber primordial de exigir a quien rogó por su voto, y hoy lo mira de soslayo, que cumpla lo que prometió. Los políticos tienen la obligación de dar lo mejor de sí en el servicio público.
     En 2013 nos veremos apabullados de publicidad partidista. Este año todos los aspirantes a munícipes se convertirán, como por arte de magia, en ciudadanos ejemplares: honestos, trabajadores, nobles. Veremos a personajes que jamás se acercan a la gente humilde, retratándose con ellos en aras de cosechar simpatías.
     Pero no todo debe ser malo. De ahora en adelante hay doce meses para intentar ser mejores personas. Porque cuando una sociedad está enferma, aplica la premisa de que en la medida que cada uno mejore, contribuye a que la sociedad también lo haga. En ese sentido seguiremos cumpliendo cabalmente la misión de informar con la verdad, sin miedo y con responsabilidad.

Artículo: Labrada de cera

Mesa de Santos de la casa de Ta Pascual Chente,
ubicada en el Callejón de los Leones.


Por Gubidxa Guerrero


[Texto publicado en Enfoque Diario, el domingo 30/Dic/2012]

Los pueblos zapotecas poseemos una rica cultura que se manifiesta a cada momento. Hasta los actos aparentemente más cotidianos tienen singular significado, que paulatinamente vamos comprendiendo.
     ¿Quién no ha visto pasar a las niñas y adolescentes, con flores en el pelo, ofreciendo marquesote con leche hasta la puerta de las casas? Esta escena tan común tiene una razón de ser, pues forma parte del ciclo ritual de las Sociedades tradicionales; específicamente del momento llamado labrada de cera.
     Como su nombre lo sugiere la labrada de cera es el día en que se debe dar forma a los cirios que serán utilizados durante la misa en honor a quien personifica la fe de determinado grupo de personas. Así, algunos se la dedican a la Cruz, otros a algún Santo o Santa. 
     El cambio de mayordomía, la procesión, la labrada de cera, la misa, la vela, la regada de frutas, la lavada de ollas son momentos de un ciclo festivo anual organizado por personas que de esta manera dan gracias por las bondades recibidas o, simplemente, para perpetuar una tradición ancestral.
     Probablemente durante la época prehispánica los ritos se dedicaban a los dioses zapotecas, pero luego de la conquista española, y la adopción de la religión católica, se hicieron los ajustes necesarios para que fueran permitidos por las nuevas autoridades religiosas. El caso es que en cada nueva ceremonia se perciben las antiguas creencias.
     Durante la labrada de cera suena la flauta y el tambor (Pitu nisiaba o Muní, como le dicen en zapoteco), así como los cohetes, mediante los cuales se convoca a los vecinos. Este día se prepara nisiaba ne bupu (‘atole con espuma’) para dar a los asistentes; también se sirve tamal de dulce y pan bollo.
     Las jovencitas salen a “vender” leche (en realidad es de cooperación voluntaria). Deben acudir solamente doncellas, por lo que van niñas y adolescentes. Se lleva una jarra de leche con trocitos de pan marquesote, y lo recaudado sirve como aportación a las festividades. Bellas y olorosas flores adornan las bandejas con que salen las muchachas durante toda la mañana.
     El sábado 29 de diciembre de 2012 se realizó la labrada de cera de la Sociedad de San Vicente Ferrer Gola, Patrono de Juchitán. La cita fue en casa de Ta Pascual Chente, ubicada en el Callejón de los Leones entre Hidalgo y Obregón. Fue hermoso ver llegar a las doncellas que fueron a ofrecer leche y marquesote. Esto es Guidxiguié’, Juchitán de las flores.